Durante demasiado tiempo, en nuestro país se ha aceptado como inevitable una anomalía profunda: que el derecho a la vivienda está subordinado a la lógica de la rentabilidad financiera y especulativa.
La cuestión decisiva no es si todos los territorios reciben un tratamiento idéntico, sino si las personas, vivan donde vivan, tienen un acceso razonablemente comparable a los derechos y prestaciones q ...
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